No ha podido ser. No he ido a París. No he ido aCorea. No he ido. Me he movido como una peonza alrededor de mi eje. El trabajo sin salario, las obligaciones, las dependencias, el sacrificio debido a algún amigo y algunaotra cosa más, me han ido amarrando sin permitir que mis viajes franquearan lasfronteras de mis sueños. Pero puedo romper amarras en cualquier momento y elpróximo día 10 va a ser uno.
Me voy a Atenas. Voy a correr el maratón de Atenas. Este año no aspiro a ganar.Los griegos son los favoritos. Llevan todo el año comiendo con mesura,corriendo delante de la policía y detrás de los políticos. Pero me he preparado como un griego. El policía que me perseguía no ha logrado alcanzar mi rebeldía.Los políticos a los que persigo no han aguantado mi empuje y se han retirado todos. Son tan cobardes que van a renovarse el próximo 20 de noviembre. Seguiré persiguiéndolos con la saeta de mi palabra y la constancia de mis piernas.
Tengo 55 años, lo que me hace estar entre los primeros de los más ancianos corredores. Además, de los varios medios maratones que he corrido he ido mejorando mi marca personal. Si sigo a este ritmo, y no tengo intención de abandonar, a los 67 años seré olímpico. No doy el testigo a nuevas generaciones, quien lo quiera que venga a por él.
Medio maratón de Andorra, la de Teruel.
Hace un año estaba en Niuyork. Sigo enamorado de laciudad. Sigo penando un par de veces por quincena no estar viviendo allí.
Otro año más el 11 del 11, que este será del 2011, estaré fuera de la casa donde habito, que por todas partes tengo casas. Si me acuerdo me pondré una amapola en la solapa y buscaré a la gente que está por conocer en Atenas.
Estoy disfrutando, tengo intención de seguir haciéndolo. Me gustaría que disfrutaras con la lectura. Sin embargo tengo una herida sangrante. Este blog cuenta con un lector menos, Vicente Pueyo que falleció con la última primavera. Podré tener algún lector nuevo, pero no hay sustituto. Esto no es un partido, esto no es el ejército de los 10.000. El que falta es irreemplazable.
Escrito por chabeto el 25/04/2012 23:32 | Comentarios (0)
Atado. Sigo atado a compromisos, trabajos, obligaciones adquiridas y contratadas por otros. Sigo soñando en que cada día rompo un trocillo del eslabón de la cadena que me ata. Quiero escapar.
Sueño con irme a París en moto. El origen de este sueño se remonta a muchos años atrás, cuando era un joven libertario. Vino a visitarme un antiguo exiliado que siendo de Alcañiz vivía en Francia. Su primer viaje a su tierra de origen, donde ya no quedaba ni un amigo, ni un conocido, ni un familiar, fue para verme. Vino en moto. Una pequeña moto de 49 c.c. Le costó un día entero. Y charlamos. Hablamos mucho del pasado y del futuro. En un momento de la conversación entendí que él no se definía como anarquista. Me sorprendió, así que le pregunté: ¿no eres anarquista? No. No lo soy. ¡Qué más quisiera yo!Toda mi vida he intentado ser un buen anarquista pero no lo he conseguido. Ese sentir mesiánico, comprometido con los demás del anarquismo me impresionó. Desde entonces siempre he tenido en cuenta estas palabras para pensar antes de hablar y definirme como realmente soy, no como quiero ser. Fue un ejemplo de humildad. Hace un año aproximadamente vi un documental de Lucio, un anarquista navarro procedente de una sociedad pobre, marginada, que llegó primero a la rebeldía y luego al anarquismo porque vio cómo morir o vivir era cuestión de pertenecer a una clase social. Su padre no pudo costearse los medicamentos necesarios para seguir viviendo. Lucio puso en jaque a la sociedad capitalista. Falsificó todo lo imaginable y siempre vivió de su trabajo como albañil. Vive todavía hoy en Francia. Me gustaría ir a verlo. Tengo una pequeña moto, así que volviendo a cerrar los círculos que uno va abriendo por la vida, me gustaría cerrar éste. Es mi sueño más inmediato. Pero tengo otros.
Escrito por chabeto el 24/04/2012 23:55 | Comentarios (0)
La reflexión, el análisis y un poco de pereza me han llevado al retraso de esta última anunciada crónica niuyorkina.
Siempre me he preciado de estar atado a la cuerda que tira del futuro, pero en este caso debo admitir que miro al pasado niuyorkino con demasiada frecuencia. Algún día me enchufo al gugel earth y paseo por las estáticas calles niuyorkinas en busca de alguna vivencia perdida. Me tiene amarrado la nostalgia. Me aferro a algún correo electrónico y al blog que está publicando Katerine, la muchacha colombiana con cuya familia hice amistad, para ver por sus ojos lo que imagino.
Como la meta está fija, uno tiene que moverse hasta encontrarse con ella. No hay atajos, pero sí caminos más largos.
¿Por qué esta pasión por Niuyork? Primero habría que explicar el sentido de algunas situaciones comunes que conducen a errores. Mucha gente piensa en Niuyork como símbolo del capitalismo salvaje, del imperialismo sin mesura, del control del mundo, de los abusos consentidos de la policía. Y eso será cierto. Alguno me ha dicho; yo a Nueva York no voy, como una especie de declaración de principios.
Aunque fui a la Casa Blanca no hablé con el Obama y aunque estuve en el ayuntamiento no vi al alcalde. Vi a sus gentes de mil colores y cuatrocientas lenguas y diez millones de formas de entender la vida. Viví la forma de entender la libertad que tienen las gentes niuyorquinas, sufrí con gusto el sentido del respeto que tienen sobre el ciudadano, quedé complacido con la forma que tienen de administrar el tiempo mirando al futuro. En España había buena gente, muy buena gente y abundante en tiempos del franquismo. Luego escarbas y encuentras que cada mundo es una persona. Pero ahí está tu elección.
En Niuyork vi cientos de fuentes y ninguna rota. En Niuyork, además de los bancos de Wall Street, también tienen los bancos para sentarse en los parques y en las calles. Si cuidan los primeros, más aún cuidan los segundos. No vi ninguno roto. Que no quiere decir que no los haya. Salvo en un puente, no vi pintadas por ningún sitio.
Esto es el concepto de la banca que se tiene en mi pueblo. El Wall Street alcañizano.
La realidad de Alcañiz, mi pueblo hasta que me nombren hijo adoptivo los niuyorkinos, es como un mazazo de abandono. Aquí se puede molestar, es como un derecho constitucional. Se pueden dar voces a las cuatro de la mañana para dar a entender que esa es la forma de libertad, se pueden romper bancos, fuentes, mobiliario, malecones,… para poner de manifiesto la diferencia y fortaleza de cada uno. Se puede rechazar un proyecto empresarial por parte del ayuntamiento porque es la forma de hacerse valer más por parte del político. Se dan negocios desde la administración a amigos incompetentes, pero con quienes podrás irte de putas.
Me está doliendo todavía este aterrizaje. Lo estoy haciendo con mi panza, en vez de con la del avión, por una pista llena de guijarros.
Y además en Niuyork están los policías corruptos, los imperialistas, los que venden su corazón por unos gramos de oro,… Aunque no los vi, no lo niego.
Me voy a otra reflexión. La política ocupa una parte muy importante de nuestras vidas. Les hacemos demasiado caso. Pero la vida puede discurrir al margen de los políticos. La vida es mucho más que sus decisiones. Las relaciones humanas pueden generar mucho más que lo que intentan entorpeces los políticos. Ellos nos defraudan y son fraudulentos con nosotros, ¿por qué no podemos hacer lo mismo con ellos?
Tolo, un amigo mío, mencionaba con mucha frecuencia la frase de “parad el mundo que me apeo”. Un día, harto, decidió apearse. Aunque esa frase forma con demasiada frecuencia parte de mis recursos, al menos hoy quiero dar marcha al mundo para que gire más rápido y haya oportunidad de vivir más intensamente.
A mi vuelta he encontrado demasiadas ausencias. Ha habido gente de mi edad que se apeado. Unos a la fuerza, otro voluntariamente eligiendo el recurso del olivo y la soga. Y es que hasta para eso se es tradicional.
Somos lo que nos queda. Ya no vale beber a sorbos; a bocanadas y con las manos llenas, aunque se derrame el agua.
Escrito por chabeto el 14/12/2010 08:30 | Comentarios (4)
Puedo decir, sin exagerar, que a esta altura de la película, cuando se aproxima The End, me he pateado Niuyork. He hecho un cálculo aproximado, y además de los 42 kilómetros del maratón, durante estos días me he hecho más de 350 kilómetros andando. Y eso da una visión detallada de la ciudad. Salvo el Bronx, que entré corriendo y salí por piernas (el día del maratón) me he pateado el resto de distritos. Y así he conocido esa vida que me ha agradado.
Hoy ha sido un día intenso, divertido, lleno de curiosidades, de abrazos y despedidas. Esas palabras de esperanza diciendo que nos veremos aquí o allá y la experiencia te dice que casi nunca se realizan, pero como alguna vez sí que se cumplen, uno alimenta la esperanza eternamente. Intercambios de correos electrónicos para no romper los hilos que nos han unido y que cada día se irán estirando más y más hasta hacerse finísimos, casi invisibles. Dejo amigos, esperanzas y una ciudad que me duele porque a partir de mañana me perderé toda la vida y actividades que genera.
Por la mañana me he encontrado a un periodista que estaba haciendo una crónica con una cámara doméstica. Me he acercado a él y era el corresponsal en Niuyork de Intereconomía. Toda la corresponsalía era él, que se grababa, se cortaba y editaba la noticia. He estado hablando unos momentos con él.
Esta es toda la corresponsalía y todo el material gráfico con el que cuenta Intereconomía en Niuyork.
Al lado, le he pedido a un viandante que me hiciera una foto con el cartel de las gambas de fondo, lugar donde sirven todo tipo de gambas cocinadas que sale en la película Forrest Gump. Me ha contestado en español y le he preguntado si era español, sí, ¿no me crees? Sí, claro que te creo, si no me crees te enseño el pasaporte. No hace falta, por supuesto que te creo. Ya verás. Y me ha enseñado el pasaporte. Pues sí, era español.
En Niuyork se puede estar todo el día de fiesta y además free, que es la forma que tienen de decir gratis. Hay una página que es www.clubfreetime.com donde te ofertan todas las actividades culturales que son gratuitas o tienes que pagar una módica cantidad de dinero. Esta mañana he estado escuchando un grupo de jazz The Gotham Jazzmen. Grupo muy bueno, y con mucha experiencia, uno al menos 65 años de experiencia, el batería que ha tenido que ser sustituido por una joven que debía ser su nieta o bisnieta. Muy buen rato.
Como suele suceder un par de veces o tres al día, en un momento he tenido ganas de mear. La solución es sencilla, entrar en un bar, en algún urinario público o en alguna institución como la biblioteca, por ejemplo, pero he visto en la otra acera por donde iba a unos que estaban disfrazados de inodoro. Me he acercado y es que estaban haciendo publicidad en la calle de tazas de wáter para que te sentaras en ellas como en un trono. Les he preguntado medio en serio (porque me estaba meando) medio en broma (porque no entendía todo el despliegue con música incluida para anunciar tazas de wáter), que si podía mear. Me han dicho que por supuesto, que entrara en el local que estaba decorado de una forma fantasiosa, me ha recibido uno en una zona habilitada como información, me ha dicho dónde dirigirme y entonces un spiker por un micrófono ha dado a conocer a todo el mundo que iba a mear. Otro me ha abierto la puerta y la verdad es que me he sentido como un rey. Pero aún faltaba un detalle, y es que debía hacerme una foto en un gran wáter como si de un trono se tratara. ¿Le pueden tratar a uno mejor?
A pesar de lo contado, muchas más han sido las vivencias. (Sólo de hoy me dejo en el tintero la visita a la biblioteca, las imágenes del ejército de salvación, una guines tomada en un bar donde dos músicas cantaban y tocaban música irlandesa, la charla y despedida de la familia amiga de colombianos, la charla y despedida con Román, que es ucraniano, el rato pasado en el Washington Square, el paseo triste diciendo adiós imaginariamente a todas las gentes que dejaba atrás,…) Ha habido más crónicas de las publicadas, pues a veces el ritmo de las vivencias era más rápido que el tiempo. Algunos han sido los olvidos a pesar del poco tiempo transcurrido.
El ejército de salvación ya no son aquellas mujeres mayores vestidas de negro, pero con su campanilla intentar despertar la conciencia de los transeuntes. Están presentes en todas partes.
Esta es la última crónica desde Niuyork. Quizás la semana que viene, ponga mi cabeza en orden y escriba una reflexión. Como muestra de lo vivido me voy de esta ciudad sin que me haya dado tiempo de visitar el Empire State.
Escrito por chabeto el 24/11/2010 03:44 | Comentarios (5)
Cada noche Niuyor se reinventa, y si no lo hace cualquiera tiene oportunidad de ver tantas cosas diferentes que parece que lo hiciera.
Anoche estuve en uno de los bares donde tienen actuaciones en vivo. Si otros días veía cómo se iban formando distintas formaciones del mismo grupo y sin desentonar, lo de ayer era como un karaoke, pero sin subtítulos y con música en vivo. Quien quería del público se apuntaba a una lista y cantaba la canción correspondiente. Era gracioso y sorprendente ver como la típica ama de casa niuyorkina, que es distinta de la española, se subía al escenario, se transformaba y comenzaba a retorcerse mientras hacía interpretaciones buenísimas.
Ya comenté que cuando corrí el maratón hubo un barrio donde se callaron los aplausos y desapareció el público. Era un barrio judío. Aunque pasó de mí y de los 44.999 corredores restantes, yo no he querido pasar de él y me he acercado. ¡Qué barrio más extraño!, ¡qué viaje a no sé dónde! Los hombres van con sus cabezas rapadas, tirabuzones en las patillas, barba, camisa blanca, abrigo, sombrero, chaleco, zapatos y pantalones negros. Y así todos, a cientos.
Judía que va a la última moda, con un estampado que no es habitual ver en la tienda más fashion de todo el barrio, con lujoso escaparate y con el contenido más llamativo el de la mujere que está mirando. Yo con mi parka roja temía que me confundieran con un actor porno. No he visto en todo el barrio a nadie, incluidos los no judíos que llevaran algo de colores vivos.
Todos con el mismo peinado, con las mismas formas y los que llevaban gafas hasta con las mismas horribles gafas de pasta. Sólo los hispanos, que les sirven de mano de obra no cualificada, daban una nota discordante. Entre las mujeres la diferencia la marca el calzado, que unas llevan zapatillas de deporte y otras zapatos negros. Pero todas cortadas por el mismo patrón. Tal es así, que me ha llamado sobremanera que todas llevaran el mismo corte de pelo, igual de lacio, con media melena y me ha sorprendido más aún no ver ni una sola peluquería. ¿Cuál era la explicación? Hay que ser observador para encontrarla. Todas llevan peluca. No es broma. Pelucas iguales. Resulta que el pelo propio les “pone” a sus maridos y para evitar tentaciones malsanas, peluca al canto. Sorprendente.
Recordaba cómo el año pasado por estas mismas fechas estaba en Gambia y también me fijé que todas las mujeres negras tenían el pelo liso, lo que me llamó la atención, hasta que descubrí que todas tenían el pelo a lo afro, como corresponde, pero debajo de una peluca. ¿Por qué? Porque el pelo afro no les “pone” a sus maridos y en cambio el lacio los pone a cien. Definitivamente Dios algo ha tenido que hacer mal.
Al fondo se puede distinguir el cartel de hombres y mujeres en inglés y hebreo. La foto ha sido clandestina y obsérvese que todas las mujeres tienen la misma media melena.
La imagen de Lee street, que es la calle principal por donde he estado es la de unos judíos que parecen que van a ser deportados de un momento a otro. Es triste. Falta color. Ni siquiera es una imagen en blanco y negro. Es una imagen en negro. Las tiendas de moda con abrigos en los que sólo había tonalidades de negro. Las miradas de las mujeres perdidas ante el temor de provocar a algún hombre con sus ojos o que algún hombre piense que es una cualquiera. En el restaurante zona de hombres y de mujeres. He preguntado si me podía sentar con las mujeres y un hispano me ha aconsejado que no. Consejos que son órdenes. Para pedir la comida ventanilla de hombres y mujeres. Por otra parte se puede pensar que los judíos son ricos. Los habrá, pero los peores comercios los he visto aquí, los más casposos, decrépitos y míseros de Niuyork, de lo que yo he visto. He visto correr brevemente a unos niños y ha sido toda la alegría vista en sus calles.
Al otro lado del puente, vida, vida a raudales. Una fachada enorme sobre la que proyectaban unas luces que coincidían con su geometría. Luces de ventanas que se abrían y de las que salían bolas que formaban nieve y se acumulaba sobre las jambas. Todo de luz con música que la iba acompañando.
Y en un momento del paseo, el detalle de un niuyorquino anónimo. Ha decorado la bicicleta y la ha dejado para contemplación del viandante, eso sí con su candado, como corresponde.
Cuántas veces hemos oído en broma que nieva a corros. Pues en Niuyork es posible. Voy caminando y de pronto me encuentro toda la calle, los árboles, los arbustos, las aceras, cubiertas de nieve. ¿Será un sueño? Quizás hayan estado filmando una película o ha sido uno de esos efectos especiales que te sorprende en cada momento, pero allí estaba todo nevado.
¡Qué pena me da pensar que todo esto va a continuar sin mí! Y ¡qué alegría saber que va a continuar! El alcalde aún no lo sabe, pero un día de estos me voy a hacer hijo adoptivo.
Escrito por chabeto el 23/11/2010 05:28 | Comentarios (2)
Lo que iba a ser un día de playa, además, ha resultado un viaje alrededor de diversas culturas del universo. Todo en un paseo. Un largo paseo ya que he caminado más de veinticinco kilómetros yendo desde Coney Island hasta casa, rodeando, claro.
He ido hasta Coney Island, que es el lugar donde los niuyorquinos pasan los días de verano en la playa. Hasta allí en metro, pero luego he estado caminando por la playa, donde había una carrera popular y me he enrabiado por no llevar equipaje para poder correr con los cientos de niuyorquinos que corrían junto al mar. Luego, paseando junto a la arena, he creído que el tiempo no había pasado y que aún estaba en Rusia, porque sólo escuchaba conversaciones en ruso.
Coney Island está en el extremo sur de Brooklyn y como pensaba pasar un día tranquilo y aunque frío hacía un día soleado, me he llevado el libro de Paul Auster “Brooklyn Follies”, que gracias a las esperas a Violeta ya llevo bastante avanzado. He estado un rato leyendo en la playa.
La mezcla de culturas, con los negros y blancos haciendo música, mientras los judíos con sus ropas tradicionales no se pierden una nota.
Luego, como quien no quiere la cosa he comenzado a caminar en dirección a Prospect Park, que es el Central Park de Brooklyn y en el camino me he encontrado al mundo ruso, al indio, al judío, al musulmán, al hispano que está en todas partes, al afroamericano y caminando entre culturas que se iban sucediendo unas a otras por arquitecturas distintas, comidas distintas, vestidos distintos, gentes distintas y comportamientos distintos he llegado hasta el parque. Antes me he desviado para visitar a los muertos brooklynianos. ¡Qué bien tratan estos niuyorquinos a sus muertos!, aunque luego no los visitan. El parque muy bonito, con todos los colores otoñales que dejaban postales por cualquier parte donde dirigías la mirada.
Este es el trato que reciben los muertos de Brooklyn, con carreteras que surcan el cementerio en un estallido de colores que harían resucitar a un muerto, ¿o no?
Cuando he salido del parque ya era de noche. Como me apetecía seguir caminando, con una orientación atinada, me he dirigido hacia el puente de Brooklyn. No tenía intención de hacer tantos kilómetros, pero cuando ya faltaba poco no podía resistirme a cruzarlo por la noche, con todo el derroche de luces y color nocturno. Más postales para grabar en la retina. Y como ya estaba en Chinatown pues la he recorrido tranquilamente, viendo y viviendo su ambiente, donde te van ofreciendo relojes falsos y la posibilidad de regatear.
Me encanta Niuyork, se puede traslucir de lo que voy escribiendo, aunque lo que no soporto es el derroche consumista. No existe la conciencia ecológica. Te venden un té que cuesta un dólar y te lo dan en un vaso de plástico, con su tapa de plástico, con una bolsa de papel para que lo lleves y cinco servilletas. Aquí es imposible cumplir lo que aparece en las películas que si no pagas la cuenta te quedas a fregar platos pues sencillamente no se utilizan, todo es plástico.
En clase también, para cinco palabras fotocopiadas nos dan un folio, Katerine, la chica colombiana, cada vez que le dan un folio exclama, “pobres arbolitos”. El porcentaje de lo reciclado es mínimo.
Una vez más lo de que el mundo es un pañuelo vuelve a dar pruebas de su verdad. Ayer ponía una fotografía de un cow boy en calzoncillos fotografiado en Broadway. Hoy hay réplica, un pelín más joven, pues la fotografía la hizo Inma, la mujer de José Luis, el amigo alcañizano que casi todos los días deja sus comentarios en el blog, cuando estaban el año pasado en Nueva Orleans. A pesar del tiempo pasado sigue con los mismos calzoncillos. Sólo se ha cortado el pelo.
Escrito por chabeto el 22/11/2010 02:58 | Comentarios (0)
Hoy he vuelto a mi ritmo. Como es sábado, no tengo inglés y lo he aprovechado para programar una agenda apretada. Tanto que no he podido con todo, aunque he tenido de más.
¿Qué me faltaba ver de Niuyor? Lo típico, una persecución de policías. Pues la he visto. Delante de mis narices, tanto es así, que me he dado cuenta porque un policía corriendo me ha empujado para salir detrás del perseguido mientras se echaba mano a la pistola, aunque no la ha sacado. Todo en Broadway. Más policías venían corriendo de otras calles y se han confundido con la multitud, que es lo que se espera de una película así.
Para los que sepan menos inglés que yo, aquí va la traducción "¿por qué mentir? Necesito una cerveza y paz y amor y muchos abrazos". Ni que decir tiene que de la paz, el amor y los abrazos pasaba.
La gente que pide dinero por las calles, sabemos que en ocasiones, por lo menos algunos, emplean los donativos en beberse unos tetrabrik de vino o alguna cerveza. Eso en el cartel de pedigüeño no lo ponen. Suelen poner cosas como estoy sin trabajo, tengo varios hijos que alimentar,… Aquí también hay alguno de esos, pero abunda la seriedad. Hasta los mendigos dan su nota particular. El otro día vi un mendigo que pedía dinero para comprar marihuana. Otro que parafraseando al we can de Obama, ponía we can´t, sin más explicaciones. Y son varios los que he visto que pedían dinero para tomarse unas cervezas. Uno muy ingenioso con un cartón escrito que tenía un desplegable donde aparecía la palabra cerveza para completar su petición. La gente les da dinero, aceptan la broma o entienden que beber cerveza o fumarse un porro también es una necesidad y van echando dólares.
Los árboles de la calle comienzan a lucir sus lucecitas navideñas.
La temperatura es baja. El abrigo a veces ni es suficiente para poner freno al frío, pero no es óbice para que un tipo se ponga en calzoncillos en la calle, con botas de cow boy para tocar la guitarra y hacerse fotos en poses provocativas con toda mujer que se lo pida.
Además he estado en el Lincoln Center, que es el lugar donde se cuecen todos los éxitos de los movimientos de música clásica, ópera, jazz, teatro, danza,… que luego triunfarán en el mundo. He estado en un concierto con un grupo de cámara, con un saxo excepcional.
Y como aquí ya es navidad he entrado en el Macy´s que es como el cortinglés niuyorquino, pero con escaleras automáticas de madera y una decoración barroca y excesiva que resulta sorprendente. Nada más entrar te imaginas al típico Papá Noel de las películas, que es un alcohólico que detesta a los niños pero que está allí para ganarse unos dólares. El decorado es impresionante. Ya anuncian que Papá Noel va a llegar la semana que viene.
Y también he estado en el edificio Dakota, que exhuma glamur por los cuatro costados, con huellas imaginadas de gente de la farándula, incluido John Lennon.
Con todo el glamur y todos sus habitantes progres, no puede faltar la bandera en lo alto del edificio.
Estando Violeta hicimos un recorrido de muffin en muffin por todas las avenidas. Hoy he pasado sobre las cinco de la tarde, sin nada de hambre, por un establecimiento que ofrecía el desayuno de una muffin y una taza de té por un dólar setenta y cinco. ¿Cómo podía dejar pasarlo por alto? Violeta hubiera entrado. Yo también, así que le he dicho, dame un jodido desayuno de esos. Y a las cinco de la tarde he desayunado majestuosamente.
Escrito por chabeto el 21/11/2010 04:37 | Comentarios (0)
Todo llega a su fin. Cuando el final se produce de forma escalonada, lejos de aliviarlo, va alargando la pena. Porque voy a sentir pena de dejar esta ciudad. También tengo ganas de volver a casa, por supuesto. Dentro del final escalonado hoy ha estado la marcha de Violeta. Nos vamos a ver la semana que viene en casa, pero me ha dejado un vacío inmenso. De pronto me he encontrado sólo en Nueva York, por unos instantes ha dejado de ser el coloquial y cercano Niuyork, para ser un señor un tanto distante. Me he quedado sin saber dónde ir. He sido un vagabundo de ausencias. Me he quedado sordo y mudo, sin poder escuchar los comentarios de mi hija ni poder hacerle los míos. He vuelto pronto a casa y aunque tenía intención de salir a uno de los garitos donde tocan música, al final he optado por quedarme. También es vida de niuyorquino el estar de vez en cuando en casa.
Momento de la despedida de Violeta cuando se ha metido en el metro para ir al aeropuerto. Sus risas no son de satisfacción por irse, que bien se hubiera quedado unos días más, sino porque al girarse para despedirse se ha dado cuenta que yo me quedaba en la estación con parte de su equipaje. Ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta. Menos mal.
Durante estos días he llevado de un lugar a otro a Violeta, a paso ligero, a veces casi trotando. Había que patear, que ver, oler, disfrutar, sentir todo lo que acontece y había poco tiempo que perder. Descansábamos cuando acudíamos a las clases de inglés. Nos levantábamos sobre las ocho y nos acostábamos sobre la una y media de la madrugada y entre medio vida a borbotones. Ayer pactamos que como era el último día, el ritmo lo marcaba ella. Y lo ha hecho, lo que significa que como el avión le salía a las nueve de la noche, durante todo el día hemos tenido el tiempo justo de desayunar, comer y trasladarse hasta el avión. Ni siquiera ha habido tiempo de comprar los regalos que uno deja para el último momento. Sólo un paseo rápido y poco más. Y es que hay algunas personas que cuando administran el tiempo simplemente lo dejan fluir, poniéndose incluso delante del viento no fuera que con su soplo le hiciera ir más rápido.
Escrito por chabeto el 20/11/2010 05:40 | Comentarios (2)
Hoboken es una pequeña localidad que está en el estado de Nueva Jersey. Allí nació Frank Sinatra, y allí hemos estado esta mañana. ¿Por qué Hoboken? Pues porque aunque parezca que ha sido un largo desplazamiento, llegar hasta allí sólo nos ha llevado quince minutos. Es el tiempo que tarda un tren en cruzar el río Hudson. Sólo por las vistas que ofrece sobre Manhattan merece la pena trasladarse hasta esta pequeña población. Pero además su vida es tranquila, extremadamente tranquila. Desde allí observas con un telescopio la marcha frenética de Niuyork y pareces un espectador desde tu butaca.
Hemos comido en un restaurancillo que tenía toda la apariencia de una casa bajoaragonesa. Estábamos comiendo y nos daba la impresión que al salir a la calle íbamos a encontrar a un concejal de La Fresneda.
Para quien viaja a Niuyork y va a estar una temporada merece la pena mirar hospedaje en esta población. Es mucho más barata, tranquila y a sólo quince minutos del centro de Manhattan. Incluso el traslado es más barato que el metro niuyorkino.
En clase de inglés hemos movido las ingles. La profesora se ha empeñado en que bailáramos. No tenía nada que ver con la clase, pero ha sido divertido. ¡Qué patoso soy! Era la cosa más elemental del mundo y hasta me ha llamado la atención de lo mal que lo hacía. El canto y el baile, entre otras muchas cosas no es para mi.
Al final, fotos y despedidas, porque hoy era el último día de clase de Violeta, que aunque se maneja medianamente bien en inglés, asistiendo a la clase de su padre, al principio un poco remolona, pero luego cantando y bailando y participando en todo, ha disfrutado como una enana.
Por la noche hemos salido nuevamente a ver una actuación en directo. Violeta se ha pedido un té. Nos hemos sentado en una mesa y me dice, prueba el té, a que sabe raro. Sí. Es una cerveza. ¿Se han confundido? No. Violeta al ir a la mesa a sentarse ha cogido el primer vaso que tenía a mano, le ha quitado la consumición a algún jodido You y se ha dejado su té en la barra. ´
La actuación muy buena, entre otras cosas porque iba agregándose gente, unos se iban, otros entraban y siempre sonaban muy bien. Luego un japonés, con su traje y corbata, viene desde el fondo, saca una armónica y se añade al grupo elevando el nivel. Fantástico.
Escrito por chabeto el 19/11/2010 05:04 | Comentarios (2)
Ha habido una segunda visita tanto al Harlem como a Central Park. En el parque he ido repasando mis últimos metros del calvario maratoniano. He reflexionado sobre el tiempo. Esos días en los que estaba ilusionado en participar en el maratón, la solicitud, la admisión, la duda de si realmente me habían admitido, los preparativos, la búsqueda de alojamiento, las dudas sobre si lo acabaría, la sorpresa al encontrarme cómo montaban las gradas, y hoy todo es pasado. Las gradas desmontadas y el camino limpio para expedito para otras gentes y otras actividades. El tiempo ha pasado.
Violeta practicando la meditación aprendida ayer, en Central Park.
Hemos seguido hasta el Harlem, transportándonos a otro mundo. No es peligroso. Sus gentes son amables, pero un blanco parece blanco de todas las miradas, que no lo es. Te sientes extraño.
La vida, desde la llegada de Violeta, se ha ralentizado. Hay que acompasar los tiempos y los pasos. Camino deprisa, pero no tanto, me levanto igual de pronto, pero salgo más tarde. Hasta ahora no había tenido tiempo para leer y ya llevo casi medio libro de Brooklyn Follies de Paul Auster. Son los peajes, que pago con mucho gusto, de estar con otra persona. También se limitan las relaciones con otras personas, y es que entre los dos tenemos nuestra propia vida, no nos cerramos a nadie, pero hay menos contactos. El viajero debe ser solitario. A no ser que tenga la suerte de tener una hija como Violeta. Hablamos mucho, mejor habla mucho, cogemos en nuestra mente todos los retazos de las películas que hemos visto y veremos que a cada instante se están proyectando ante nuestros ojos. Algún director montará el puzle para darles forma y nuevamente resucitarán en nuestro recuerdo. Tendremos además la suerte de reconocer los olores, formas y ambientes que no nos ofrece el cine. Todo llegará.
Lo que lleva en las manos son dos slices. Luego se comió otra muffin. La vida aquí es muy dura.
La vida de Niuyork te envuelve y arrastra. Es como un río del que a veces hay que hacer tremendos esfuerzos para nadar contra corriente. La llamada comida basura está por todas partes. Pero resulta tentadora. Ni Violeta ni yo hemos pisado más de dos o tres veces un Macdonalds, lo que da idea de nuestro aprecio por estos lugares, y en todos los casos fue por necesidad. En cambio en estos días vamos consumiendo slices, que son trozos de pizza que venden por todas partes. Hemos ido comiendo por la calle, a deshora, algo excepcional en mi caso. Entiendo a los obesos niuyorkinos. La tentación no vive en el quinto. Está en todas partes.
Escrito por chabeto el 18/11/2010 05:39 | Comentarios (2)